
Hay fechas que para un fan se quedan grabadas en el corazón, hay un mes inolvidable, un momento único. Exactamente, fue el 17 de marzo de 2012 donde ese anhelo que parecía inalcanzable se materializó frente a mis ojos.
Ser fan de Luis Miguel no se trata solo de coleccionar discos o memorizar letras; el verdadero sueño, es tener la oportunidad de verlo en vivo. Es presenciar ese carisma y talento que solo él sabe proyectar sobre un escenario y que logra traspasar el alma de su público.
Esta admiración crece día con día. Es amar su música, seguir cada uno de sus proyectos y ofrecer un apoyo constante, manteniendo siempre la esperanza de que algún día, el deseo de tenerlo frente a frente se vuelva realidad.
ENTRE ANGUSTIA Y ESPERANZA…
Recuerdo perfectamente la navidad de 2011, en la que en una emisora muy conocida en Valencia -Estado Carabobo en Venezuela, anunciaron lo que tanto esperaba: Luis Miguel se presentaría el 17 de marzo de 2012 en el Parque Musical Evenpro con su “The Hits Tour”, celebrando tres décadas de una carrera impecable.
Como fan desde hace 17 años atrás en ese momento , la emoción fue indescriptible. Después de un largo tiempo, regresaba a mi país. En ese instante lo decreté: “Yo voy a estar en ese concierto”. Era mi forma de manifestar que esa noche sería para la historia.
Sin embargo, los días pasaban y la posibilidad de adquirir un boleto se volvía cada vez más difícil. Ver la publicidad del evento desplegada por toda la ciudad me generaba una mezcla de sentimientos: alegría, felicidad, pero a la vez tristeza, miedo y un desánimo creciente al no tener la certeza de si lograría sentir la energía del mejor artista de todos los tiempos.

EL REGALO DE PAPA
En ese momento, no podía asumir ese gasto, debido a una situación familiar prioritaria con mi madre. Esos compromisos económicos eran el muro que me impedía llegar al objetivo de estar frente a mi ídolo.
Por eso, que al ver la publicidad del evento desplegada por toda la ciudad me generaba una mezcla de sentimientos: alegría por su regreso, pero a la vez una tristeza profunda y un desánimo creciente al sentir que, por más que lo deseara, las circunstancias me alejaban de ese sueño. Aun así, la esperanza se mantenía encendida.

Faltando menos de dos semanas para la gran cita, recibí el regalo más hermoso: la de la persona más importante en mi vida: Mi papá que sabe de mi admiración por el Sol de México, me sorprendió con dos entradas en la zona Diamante. La alegría fue indescriptible y en ese momento comenzó la cuenta regresiva más emocionante de mi vida. Ahora sí tenía la seguridad de que estaría allí, entre el público, lista para disfrutar de mi ídolo
Llegó la fecha y no era un día cualquiera, era el día en que el sueño de toda una vida estaba a solo horas de cumplirse, y me acompañaría mi cómplice de aventuras, mi hermana, y juntas estábamos a punto de vivir una noche inolvidable que nunca olvidaríamos, viendo a mi ídolo interpretar esas canciones que tanto significan para mí.
LLEGABA EL MOMENTO
Cuando las luces finalmente se apagaron y comenzó a sonar el intro que era como un popurrí con los acordes de “No sé tú” , “La incondicional,” “Oro de ley”, “O tú o ninguna” y “Suave” , mi corazón latía con mucha fuerza.
De repente, el escenario se iluminó y Luis Miguel apareció con esa presencia y elegancia que lo caracteriza, abriendo el show al ritmo con el tema “Te propongo” El tiempo pareció detenerse.
Recuerdo que, entre gritos y emociones, solo podía decir: “¡Ya está ahí! ¡No lo puedo creer, está hermoso!”. Me parecía mentira estar allí, disfrutando del talento de quien tanto he admirado por años. Era una mezcla de sensaciones: quería gritar, quería saltar, pero al mismo tiempo sentía un nudo en la garganta y unas ganas inmensas de llorar de pura felicidad.
Verlo allí, interpretando sus canciones con esa maestría, me hacía sentir que todo el tiempo de espera y cada momento de incertidumbre habían valido la pena.
La noche fue magistral, tal como la imaginé. Vivir esa pasión junto a otros fans hizo que la experiencia fuera aún más memorable me sentía en el Mundo Luis Miguel.
Durante el show, la emoción fue indescriptible: grité, lloré, cada minuto que pasaba me parecía mentira estar ahí y lo disfruté al máximo, aplaudiendo y cantando hasta quedar afónica.

Cuando Luis Miguel se retiró del escenario y las luces se encendieron , me invadió esa sensación de querer más, una mezcla de plenitud y nostalgia por no querer que el sueño terminara. Sin embargo, salí feliz e incrédula de que yo estuviera allí, y con la promesa de que lo volvería a ver.
Fue una vivencia que quedó marcada y grabada para siempre en mis recuerdos
“Luis Miguel no es una moda; es un sentimiento…” como dijo Peggy Conlin en un medio de comunicación en febrero de 2024 y solo quienes somos sus fans podemos entender el significado de esa frase.
Es un ser profundo por su calidez humana y su arte. Es una vivencia que te enseña que los sueños se cumplen cuando el corazón y la fé permanecen intactos…
Todo llega en el momento justo.
La historia continúa y la pasión no se detiene. Seguiré recorriendo este camino con el mismo amor y entusiasmo de siempre, porque esta admiración no es pasajera, es eterna.
Sigan atentos a próximas entregas en Mundo Luis Miguel, tu casa incondicional.

Los testimonios y opiniones emitidos en este espacio representan únicamente el punto de vista de los escritores. Quienes dan fe de la autenticidad de los hechos.
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